Un corrosivo Gasalla logra que segundas partes puedan ser mejores

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Entrega su talento corrosivo en “Más respeto que soy tu madre 2”, con un elenco potente, en el teatro Nacional.

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Antonio Gasalla entrega su talento corrosivo en “Más respeto que soy tu madre 2”, secuela del suceso teatral que el humorista creó a partir del blog de Hernán Casciari, y lidera un elenco potente para celebrar junto al público las nuevas peripecias de una familia argentina, en el teatro Nacional.

La segunda parte de la pieza, muestra los avatares de Mirta González de Bertotti (Gasalla), ama de casa suburbana, quien sufre algunos cambios en su dinámica familiar, una suerte de fauna de personajes coloridos, capaces de revelar un muestrario de las costumbres familiares argentinas, a través de sus destellos.

La historia de la mujer quien carga con tres hijos jóvenes -dos de ellos reacios al trabajo, más un marido y un suegro que ya no está en este mundo que el fallecido Alberto Anchart asumió en la primera versión-, ahora se desenvuelve en una casa más grande, espacio propicio para que la locura cotidiana del clan se despliegue en tono mordaz.

Gasalla, ovacionado desde su salida a escena aporta genialidad para volver a construir una madre brutal en el desborde, aunque generosa en matices y gestos de ternura, conductora de las acciones y de la narración dramática.

La nueva versión puede disfrutarse sin necesidad de haber presenciado la primera, más allá del millón de espectadores que la vieron desde 2009 a 2013, con una sucesión de escenas a un ritmo vertiginoso, que a veces se precipitan algo confusas.

De todos modos, a río revuelto ganancia de pescadores, y la puesta decide mostrar y poner en palabras -a veces ríspidas, soeces, casi siempre al servicio del gag- pensamientos disparados por el contexto familiar que suelen reprimirse mucho antes de salir a la luz.

Los avatares del grupo ofician de texto y pretexto para asomarse a tópicos diversos como el fútbol -los sufrimientos racinguistas, equipo al que pertenece el autor- el Papa, toques de actualidad, los juegos verbales en torno a la palabra “relato”, la sexualidad y la pobreza, para que el público festeje o piense sobre lo que tenga ganas, sin pretensiones didácticas, moralizantes.

Las grietas generadas por lo fragmentario, típicas en la escritura de blog, se aprovechan para que los actores se arriesguen, bien cuidados por el director.

En este sentido, Claudia Lapacó quien se reencuentra con su antiguo cómplice de café concert de los 70, compone a Silvia, una señora de más de 60, protagonista de una aventura sexual con el joven Nazareno Móttola, hijo menor (18 años).

Lapacó se aleja del estereotipo de “mujer grande se tira cana al aire” para entregar a una arrabalera generosa en picardía, que trajina los márgenes con el mismo encanto con el que baila sobre el escenario.

El joven Móttola aporta su “cara de nada” para desde allì jugar escenas desenfrenadas y se mueve cómodo por el terreno del ridículo, con escenas desopilantes, especialmente cuando vista al psicoanalista -Sebastiàn Borrás, también a cargo de la asistencia de dirección y de otras participaciones- y durante el “chamuyo” de seducción en una pizzería de barrio.

Esteban Pérez, se arriesga desde lo corporal y la palabra para interpretar a un Nacho orgulloso y divertido, hijo mayor venerado, padre, enamorado de lo femenino y de los hombres, todo al mismo tiempo, transformando su vestuario -cuyo diseño pertenece a Gasalla y a Manuel González- en un recurso vivo, al servicio de los claroscuros de su criatura.

El oficio de Enrique Liporace para componer a un padre de familia en decadencia, la simpatìa de Alberto Martìn y la belleza de la debutante Noelia Marzol completan la propuesta actoral.

Durante la noche del estreno, la energía desbordante y la ansiedad hicieron lo suyo, pero el talento de Gasalla logró ponerlos al servicio de la función y se dio el lujo de apuntalar y hasta marcar a sus actores sobre tablas, generando carcajadas en la platea.

La escenografìa de Alberto Negrín convierte a la nueva casa, que incluye dos pisos y ambientes diferenciados en el ocre que la signa, en un personaje más de la trama, casi como sucede en las mejores familias.

“Más respeto que soy tu madre 2”, en un clima de grotesco actual refleja y recrea el alma del blog, escrito por Hernán Casciari e ilustrado por Bernardo Erlich, que fue editado en el paìs y en España, y fue traducido a varios idiomas.

La pieza teatral puede verse los jueves y viernes, a las 21; y los sábados y domingos a las 20.30, en el teatro El Nacional, avenida Corrientes 968, Capital.